EE.UU presiona a Europa para que evite una crisis bancaria




Estados Unidos, con el presidente Barack Obama a la cabeza, salió a exigir públicamente una acción rápida y contundente de parte de Europa, para evitar una repetición amplificada de la crisis financiera provocada en 2008 por la caída de la banca Lehman Brothers.

bandera EEUU, banderas de estados unidos, Bandera yankieDos semanas después de que su secretario del Tesoro, Tim Geithner, urgiera a los ministros de Economía europeos a cambiar el rumbo, Obama habló el jueves para advertir que un derrumbe bancario en Europa golpearía de lleno a Estados Unidos.

“Los problemas en Europa podrían tener efectos reales sobre la economía de EEUU”, dijo Obama, dejando claro a sus rivales republicanos que si no aprueban su plan de creación de empleo, colocan a la potencia mundial en serios problemas.

La revalorización del dólar cobró sentido con los acontecimientos de los últimos días, caracterizados por una aceleración de la crisis de la deuda griega y europea, y su posible transformación en una crisis bancaria general.

Lenta pero firmemente, el mercado interbancario viene secándose desde hace tres semanas por el temor de la banca estadounidense y de las entidades más sólidas de Europa a prestar a sus colegas en apuros o bajo sospecha.

De manera similar a lo ocurrido en 2008 tras la caída de Lehman Brothers, sólo los bancos centrales y los Estados acuden en auxilio de las entidades, pero ahora en medio de un marasmo en toda Europa provocado por la deuda soberana contraída en los últimos tres años para, justamente, salvar al sistema bancario en aquel momento.

La situación, sin embargo, es diferente y más grave en más de un sentido. El epicentro inmediato del desbarajuste está ahora en Europa y no en EEUU, pero los bancos de este país se verían arrastrados rápidamente por las amenazantes quiebras de bancos en el Viejo Continente.

A mediados de la semana pasada, los temores llevaron a caídas muy fuertes en los mercados de acciones y a la nacionalización de hecho del banco franco-belga Dexia, desplomado en la Bolsa y con colas de ahorristas frente a sus sucursales, en un comienzo de corrida bancaria apenas abortada por la intervención de los gobiernos de Francia y Bélgica.

Pero el otro dato alarmante junto con el desplome de esta importante entidad bancaria europea fue la caída del 7,6% en un solo día de las acciones del respetado y gigantesco Morgan Stanley, cuya acción lleva perdido un 50% en lo que va del año.

Estos ejemplos de dos fenómenos estrechamente ligados ha puesto de relieve el peligro de que una crisis bancaria europea termine arrastrando rápidamente a bancos del otro lado del Atlántico, sumiendo a los centros económicos del mundo en una situación impensada hace pocos años.

La canciller alemana, Angela Merkel, enfrentada hasta hace pocos días con los países periféricos de la Unión Europea y la Eurozona, parece haber recapacitado ante la cercanía del abismo y ha declarado que queda “poco tiempo” y que se debe actuar con “rapidez”.

En otras palabras, Alemania ha tomado nota del seguro camino al infierno de la UE y pide celeridad. Pero no está claro para qué.

En principio, el pasado jueves las autoridades económicas de la UE anunciaron que el 24 de octubre aprobarán el desembolso de los 8.000 millones de euros que Atenas necesitará para pagar vencimiento de su impagable deuda pública de 300.000 millones.

El Banco Central Europeo (BCE) anunció por boca de su presidente, Jean-Claude Trichet, que dará más liquidez a los mercados y que habilitará fondos por 40.000 millones de euros para comprar deuda soberana de la cartera de los bancos que requieran ayuda.

Las Bolsas han respondido con un alza, si bien no significativa, al menos esperanzada en este esbozo de cambio de rumbo, desde la ortodoxia más extrema hacia un aflojamiento de la política monetaria.

Pero nada de este suave viraje hacia un intervencionismo más firme puede resolver por sí solo la situación de crisis en Grecia y Europa.

Los bancos franceses han comenzado a vender activos para capitalizarse y alejar los fantasmas de una nacionalización apresurada ante una caída más pronunciada de la que ya han sufrido en Bolsa, un 45% en los últimos nueve meses.

En España, tres cajas de ahorro han sido nacionalizadas ante su situación desesperada, algo ocurrido una semana antes de la caída de Dexia, mientras que Gran Bretaña abrió el jueves el grifo de liquidez para auxiliar a sus colegas continentales.

Todo indica que los alicaídos dirigentes de la UE se orientan a apresurar sus pasos para recapitalizar los bancos, ampliar mucho más (se habla de hasta en dos billones de euros) el Fondo de Estabilización Financiera (FEEF), y buscar una reestructuración de la deuda griega con un recorte en su valor nominal del 50%.

Pero todos los responsables económicos, financieros y políticos de Europa saben muy bien que el problema ya no es Grecia.

El problema es la deuda soberana de Italia y España y, en general, de toda Europa, a todas luces impagable y que arrastra a la banca y la economía hacia una amenaza de quiebra del euro.

Los rumores y temores de corridas bancarias ya han comenzado a mencionarse en los análisis financieros europeos y, con la caída de Dexia, han cobrado más fuerza.

El tiempo, como afirmó Merkel, es escaso, a tal punto que Obama y el FMI intervienen ofreciendo auxilio y exigiendo acción.

Las soluciones o el derrumbe podrían estar contándose en días o semanas.

Fuente: Telam





Subido el 09-10-2011 en Telam.com.ar

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